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La cirugía de cataratas y la cirugía refractiva son dos procedimientos oculares muy diferentes, aunque ambos buscan mejorar la visión. La principal diferencia radica en el objetivo: la cirugía de cataratas trata una patología (el cristalino nublado), mientras que la cirugía refractiva corrige defectos de refracción (miopía, hipermetropía, astigmatismo) en ojos sanos.
Indicaciones
- Cirugía de cataratas: Se indica cuando el cristalino del ojo está opaco y afecta significativamente la calidad visual, generalmente por envejecimiento, trauma o enfermedad sistémica. Puede incluir el uso de lentes intraoculares (LIO) para corregir también defectos refractivos.
- Cirugía refractiva: Se realiza en pacientes con defectos refractivos que desean reducir o eliminar la dependencia de gafas o lentillas. Es común en miopes, hipermétropes o astígmata, siempre que el ojo esté sano y las córneas sean adecuadas para el procedimiento.
Beneficios
- Cirugía de cataratas: Mejora drásticamente la visión, elimina la opacidad del cristalino y, si se usan LIO premium, puede corregir defectos refractivos al mismo tiempo. La mayoría de los pacientes experimentan una gran satisfacción con los resultados.
- Cirugía refractiva: Permite una visión sin necesidad de gafas en la mayoría de los casos, mejora la calidad de vida y la independencia visual. Los resultados suelen ser estables y duraderos, con una recuperación relativamente rápida.
Riesgos y complicaciones
- Cirugía de cataratas: Los riesgos incluyen infección, inflamación, desprendimiento de retina (especialmente en miopes altos), opacidad capsular posterior y, rara vez, pérdida de visión. Sin embargo, el procedimiento es muy seguro y los beneficios superan los riesgos en la mayoría de los casos.
- Cirugía refractiva: Puede presentar complicaciones como sequedad ocular, halos o destellos nocturnos, regresión del efecto, ectasia corneal (en pacientes con córneas delgadas) y, en raras ocasiones, pérdida de visión. La selección rigurosa del paciente es clave para minimizar riesgos.
Ambas cirugías requieren una evaluación oftalmológica detallada para determinar la indicación adecuada y elegir la técnica más segura según el caso. Es fundamental informar al paciente sobre los beneficios y riesgos, adaptando la recomendación a sus necesidades visuales y expectativas.
