Cuando se habla de cataratas, muchas personas piensan solo en adultos mayores; sin embargo, esta condición puede manifestarse desde el nacimiento, en la infancia, en la edad adulta temprana o ya avanzada.
La edad es un factor importante, pero no el único: existen cataratas “típicas” de envejecimiento y otras formas que pueden aparecer muy temprano por causas distintas.
La catarata senil (la más común) está ligada al desgaste progresivo del cristalino, la lente natural del ojo.
En general:
- A partir de los 50–55 años: muchas personas comienzan a mostrar cambios incipientes en el cristalino, aunque aún no interfieran mucho en la visión.
- Entre 60 y 70 años: la presencia de cataratas es muy frecuente; es cuando suelen empezar a notarse síntomas claros, como visión borrosa, deslumbramiento al conducir de noche o dificultad para leer.
- Mayores de 70–80 años: una gran parte de las personas tiene catarata en uno o ambos ojos, y muchas ya han sido operadas.
Esto significa que, aunque no hay una “edad exacta”, el riesgo aumenta de forma notable a partir de la mediana edad.
Catarata en adultos jóvenes
La catarata no es exclusiva de la vejez. En personas más jóvenes, puede aparecer por causas específicas:
- Diabetes mal controlada: incrementa el riesgo de catarata precoz.
- Uso prolongado de corticosteroides (gotas, inhaladores, tabletas).
- Traumatismos oculares o cirugías oculares previas (catarata traumática o secundaria).
- Factores genéticos o enfermedades sistémicas raras.
En estos casos, la catarata puede diagnosticarse incluso en adultos de 30, 40 o 50 años, provocando visión borrosa, sensibilidad a la luz y cambios frecuentes en la graduación de los lentes.
Catarata congénita y catarata en niños
Existe también la catarata congénita, que está presente al nacer o se desarrolla en los primeros meses de vida.
Ocurre en aproximadamente 1–6 de cada 10 000 recién nacidos, y se debe a factores como:
- Alteraciones genéticas.
- Infecciones maternas durante el embarazo (rubéola, toxoplasmosis, citomegalovirus).
- Traumatismos o enfermedades metabólicas del bebé.
La catarata congénita puede afectar gravemente el desarrollo visual del niño, por lo que se recomienda diagnóstico y tratamiento temprano (a veces incluso en las primeras semanas de vida) para evitar ambliopía o pérdida de visión permanente.
La catarata no tiene una sola edad de inicio: puede aparecer desde el nacimiento, en la infancia, en adultos jóvenes o de forma clásica en la tercera edad. Lo que sí es cierto es que a partir de la mediana edad el riesgo aumenta sustancialmente, por lo que el control oftalmológico periódico es clave para identificarla a tiempo y decidir cuándo intervine
