Mitos y realidades sobre las cataratas

by lansierlaboratorios

Las cataratas son una de las causas más comunes de pérdida de visión en adultos mayores, pero alrededor del tema circulan muchos mitos que generan miedo, retrasos en el tratamiento y confusión. Aquí aclaramos las creencias más frecuentes y explicamos qué dice la evidencia.

Mito 1: “Las cataratas son una capa que crece sobre el ojo”

Realidad: Las cataratas no son una membrana externa que cubre el ojo, sino una opacidad progresiva del cristalino, la lente natural dentro del ojo. Con el tiempo el cristalino se vuelve menos transparente y más rígido, lo que causa visión borrosa, pérdida de contraste y deslumbramiento.

Mito 2: “Solo las personas muy mayores tienen cataratas”

Realidad: La edad avanzada es el factor de riesgo más frecuente, pero las cataratas pueden aparecer en personas jóvenes o incluso en recién nacidos (catarata congénita). Otras causas incluyen traumatismos, uso prolongado de ciertos medicamentos (por ejemplo esteroides), radiación, enfermedades sistémicas como la diabetes y hábitos como el tabaquismo.

Mito 3: “Leer o usar pantallas provoca cataratas”

Realidad: No hay evidencia sólida de que leer o usar dispositivos electrónicos cause cataratas. Sin embargo, la exposición crónica a luz ultravioleta (sol) sí se asocia con mayor riesgo, por lo que usar protección solar ocular ayuda a prevenirlas o retrasarlas.

Mito 4: “Las cataratas siempre se operan de inmediato”

Realidad: La cirugía se recomienda cuando las cataratas afectan significativamente la calidad de vida o la capacidad de realizar actividades cotidianas (conducir, leer, trabajar). En etapas iniciales se pueden manejar con cambios en la graduación de las gafas, mejor iluminación y filtros antirreflejo. La decisión es individual y se toma con el oftalmólogo.

Mito 5: “La operación de cataratas es muy peligrosa”

Realidad: La cirugía de cataratas es uno de los procedimientos quirúrgicos más frecuentes y seguros en oftalmología, con tasas de éxito muy altas y recuperación rápida en la mayoría de los casos. Como toda cirugía, tiene riesgos (infección, inflamación, desplazamiento del lente, edema macular), pero las complicaciones graves son poco frecuentes y tratables si se detectan a tiempo.

Mito 6: “Si tengo cataratas en ambos ojos, debo operarlos el mismo día”

Realidad: Aunque algunas clínicas realizan cirugía bilateral en una sola sesión en casos seleccionados, lo más común es operar cada ojo en procedimientos separados, separados por días o semanas. Operar un ojo a la vez permite evaluar la recuperación y ajustar el plan para el segundo ojo.

Mito 7: “Los lentes intraoculares duran para siempre”

Realidad: Los lentes intraoculares (LIO) implantados durante la cirugía están diseñados para ser permanentes y en general no necesitan reemplazo. Sin embargo, en algunos pacientes puede ocurrir opacificación de la cápsula posterior (membrana que sostiene el lente) meses o años después; esto se corrige fácilmente con un láser (capsulotomía YAG).

Mito 8: “Existen gotas o remedios caseros que disuelven las cataratas”

Realidad: No hay evidencia científica confiable de que gotas, suplementos o remedios caseros puedan revertir o disolver una catarata establecida. Algunos estudios exploran fármacos que podrían retrasar su progresión, pero por ahora la única cura demostrada es la cirugía.

Mito 9: “La cirugía garantiza visión perfecta sin gafas”

Realidad: La cirugía puede mejorar significativamente la agudeza visual, pero la necesidad de gafas depende del tipo de lente intraocular elegido y de otros factores oculares (astigmatismo, presbicia, enfermedades de la retina). Existen lentes que corrigen la visión a distintas distancias (multifocales, tóricas), pero no son adecuados para todos los pacientes.

Mito 10: “Tras la cirugía no habrá más problemas visuales”

Realidad: La cirugía corrige la opacidad del cristalino, pero otros problemas oculares (degeneración macular, glaucoma, retinopatía diabética) pueden limitar la visión incluso después de una operación exitosa. Por eso es importante una evaluación completa antes de decidir operar.

Consulta con un oftalmólogo ante cambios en la visión; un diagnóstico temprano facilita el manejo.

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