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El ojo seco suele comenzar de forma sutil. Detectarlo temprano permite evitar daño corneal y mejorar la calidad de vida con medidas simples.
- Sensación de arenilla o cuerpo extraño, especialmente al despertar o después de leer.
- Ardor o escozor leve que aumenta tras usar pantallas o estar en ambientes secos.
- Ojos cansados o pesados al final del día.
- Visión fluctuante o borrosa que mejora al parpadear.
- Parpadeo frecuente o necesidad de forzar la vista.
- Sensibilidad a la luz (fotofobia) leve.
- Lagrimeo reflexivo inesperado (cuando ojo seco avanzado provoca lágrimas acuosas).
- Bordes de párpados rojizos, costras o picazón leve al levantarse.
Qué hacer si los detectas:
- Parpadea con más frecuencia y toma descansos cada 20–30 minutos cuando uses pantallas.
- Usa lágrimas artificiales lubricantes sin conservantes si es necesario.
- Evita corrientes de aire directas, humo y ambientes muy secos.
- Consulta con un oftalmólogo si los síntomas persisten más de una semana, empeoran o notas dolor intenso, enrojecimiento marcado o pérdida visual.
