El ojo seco es una alteración frecuente que ocurre cuando los ojos no producen suficientes lágrimas o estas se evaporan demasiado rápido. Aunque puede afectar aproximadamente a 1 de cada 5 adultos, muchas personas atribuyen sus molestias al cansancio, las pantallas, la alergia o la falta de sueño, sin reconocer que podrían tener esta condición.
¿Qué síntomas deben llamar la atención?
Las señales más comunes del ojo seco incluyen:
- Ardor, picazón o sensación de arenilla.
- Enrojecimiento ocular.
- Visión borrosa que mejora al parpadear.
- Sensibilidad a la luz.
- Sensación de pesadez o fatiga en los ojos.
- Lagrimeo excesivo, que puede aparecer como una respuesta del ojo a la irritación.
- Molestias al leer, conducir o utilizar celulares y computadoras durante mucho tiempo.
No todas las personas presentan los mismos síntomas. Algunas incluso pueden tener una sensación de sequedad sin notar dolor, mientras que otras experimentan lagrimeo constante.
¿Por qué puede aparecer?
El uso prolongado de pantallas suele reducir la frecuencia del parpadeo y favorecer la evaporación de las lágrimas. También pueden influir el aire acondicionado, el viento, el humo, la contaminación, ciertos medicamentos, el envejecimiento y algunas enfermedades que afectan la superficie ocular o la producción de lágrimas.
¿Cuándo consultar?
Si las molestias son frecuentes, duran varios días o interfieren con la lectura, el trabajo o las actividades cotidianas, es recomendable acudir a un oftalmólogo. Un diagnóstico adecuado permite identificar la causa y elegir el tratamiento más conveniente. El uso de lágrimas artificiales sin evaluación puede aliviar temporalmente los síntomas, pero no siempre resuelve el problema de fondo.
Mientras se busca atención, puede ayudar hacer pausas durante el uso de pantallas, parpadear de forma consciente, evitar que el aire acondicionado o los ventiladores apunten directamente a los ojos y protegerse del viento y el polvo.
Reconocer las señales del ojo seco es el primer paso para cuidar la salud visual. Las molestias persistentes no deben normalizarse: los ojos también necesitan atención.
